Voy a contar algo de mi vida. Dicen que antes de morir hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Yo lo de hijo lo cambio por un gato, lo del árbol lo cambio por una planta del Carrefour y lo del libro…Dejémoslo en los blogs…Asi que ahora toca contar una de las cosillas malas que me han pasado.
Hasta hace poco más de un año no hablaba del tema, quise fingir que no había pasado, pensé que si no lo hablaría sería como si no existiera, pero no. Ocultar las cosas solo hace que no existan en la vida de los demás, pero no se puede borrar lo vivido. Y ojo, que es, de entre todas las cosas malas, una de las mejores porque, a raíz de esos problemas, he aprendido muchas cosas. Es un ejemplo de “No hay mal, que por bien no venga”.
Año 2006, paso de Secundaria a Bachiller. Nuevo instituto, nuevos compañeros, nuevos profesores, nueva etapa. A mí nunca me ha gustado ser la nueva porque he de reconocer que en la vida “no virtual” me cuesta mucha dar el primer paso a conocer a alguien. En el anterior instituto era una de las “populares”, pero no, no populares por ser la chica guapa, no, ni ganas de tener ese título. Era una de las “populares” divertidas. Siempre que había que hacer alguna travesura ahí estaba Criss para apuntarse, nos conocíamos todos muy bien y eso hacía que nos sintiéramos cómodos haciendo rebeldías.
Al llegar al nuevo instituto cambió el rol, ya no era “la divertida”, obviamente nadie me conocía y necesitaba tiempo para poder coger la misma confianza que tenía con el resto… Estaba prácticamente sola en clase porque con los que más confianza tenía iban a otro instituto.
Cuando llego a un sitio nuevo, paso unos días adaptándome (como todos), observando todo y todos los que hay a mi alrededor…Asi hice…Y no me gustaba nada la dinámica de la clase pero “si no puedes con el enemigo, únete a él”. Asi que me junté con los “divertidos” y fui haciendo un pequeño hueco en el grupo.
En segundo es cuando ya se tuerce todo… No sé de dónde salió un aire de madurez, de valentía para rechazar el rol que llevaba…No quería ser como el resto porque así no era yo. Yo quería hablar con quien quisiera cuando quisiera y de lo que quisiera…No quería fingir ser amiga de alguien y al siguiente día criticarla como a la que más…Así que sin decir nada, empecé a alejarme, a juntarme con los que yo solo quería…Y, casualmente, una de las personas que mejor me caían, que más verdadera veía era la “discriminada” de clase. Y salió el “dime con quién andas y te diré quién eres”. Asi que empezaron a discriminarme a mí, a insultarme, a criticarme, a humillarme…
Fue una sensación horrible…los primeros días me lo tomaba a risa. ¡Qué ingenua! Pensé que en par de días me dejarían en paz, que todos eran adultos ya para estar todo el año con esas…Cada día fue a peor… Y por si fuera poco el desprecio de los “compañeros”, por parte de los profesores no encontré nada mejor… Lloraba por los pasillos, falté a clase la mayor parte del año (nunca faltaba, aún estando enferma), empecé a suspender, a bajar mi rendimiento, siempre cabizbaja en clase, temblaba cuando me tocaba hablar delante de todos…
Enero fue el mes en que todo empezaba a aumentar, cuando parecía que los días pasaban lentos…Contaba los días que faltaba para acabar esa pesadilla…Aun quedaban cuatro meses pero yo quería saber exactamente cuántos días eran, no me hacía sentir mejor pero era la única manera de sobrellevar todo.
Lloraba a cada hora, paraba en parques a llorar porque no quería que nadie supiese lo que estaba sintiendo…Me daba miedo dormir…Recuerdo que más de una noche la pasé despierta para que fuera más lenta la llegada de la mañana…
Esta experiencia hizo que no consiguiera mi sueño. Desde pequeñita mi deseo ha sido ser enfermera…Siempre, siempre lo he tenido en mente y con ese fin entré a estudiar Bachiller…Pero todo hizo que la dichosa nota no me permitiera entrar. Fue de las peores cosas que trajo todo lo que viví.
Sin embargo, a pesar de todo, hay muchiisimas cosas buenas. Un día, casi al fin del curso, antes de dormir, veía un programa y, no sé explicar la sensación, pero de repente me veo riendo…¡RIENDO!...Había vuelto a sonreír…Y ahí empecé a aprender de todo esto.
Los días siguientes fueron de transición…Empecé a sonreír, a reír de los comentarios que hacían pero sobre todo empecé a reír conmigo misma…Analizaba como había pasado el resto de días llorando y llena de negatividad y decidí cambiar…Decidí empezar a ver la vida mejor..Y poco a poco lo he conseguido…
Aprendí entre muchas cosas que a lo largo de la vida vas a encontrar rocas difíciles de saltar pero que con positividad y una sonrisa en la cara, te llenas de fuerza para saltarla. Y que podrán haber muchas personas que hagan que ese obstáculo sea lo peor para superarlo, pero que en algún lugar del mundo va a haber alguien dispuesto a ayudarte (a veces, sin tan siquiera ellos saberlo, te ayudan)